made in

antes de conocerte no me había dado cuenta de tu tipo.

o sea, gente con las mismas características físicas y hasta que se viste parecido.

ahora si.

es increíble la cantidad de chicos que me crucé parecidos a vos.

es como si en algún lugar hubiera una fábrica de caras de giles.

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para pensar

mi terapeuta cree que es conveniente pensar porqué elegí poner en mi muestra la foto de una tumba al lado de la foto que saqué en tu cocina, cuando estábamos por comer y la luz entraba por la ventana, directo a los vasos y yo pensé que era hermoso.

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recuerdo haber dicho “me gustaría sentirme así“.

así era: enam* (oh no! es la palabra con e); en las nubes; idiota; tirada en la cama con la cabeza caída hacia un costado sonriendo con toda la sangre en la frente.

pasó.

ahora las cosas son un poco distintas.

básicamente estoy creando en mi interior un nuevo órgano que sería producto del rencor.

¿qué puedo hacer con el rencor? ciertamente la elaboración todavía está en proceso, dice mi terapeuta. ciertamente no hablarlo con amigos que se dividen en sumamente positivos o sumamente negativos pero que carecen por completo de contactos en algún tipo de mafia o por lo menos navajas para pinchar gomas o por lo menos puños cerrados viajando a la velocidad de la luz hasta su cara. ciertamente la violencia no es el camino, no señor. ciertamente canalizar lo que pasó a través del aislamiento y la devoción hacia los libros tampoco (mi terapeuta dice, afirma, asegura que no va a funcionar). ciertamente los otros clavos no parecen tener la fuerza suficiente para sacar al anterior.

entonces, ¿que hace una con el rencor?

un blog.